Mientras Luis Fernando caminaba hacia el auto, la lluvia caía a cántaros, empapándolo por completo. A pesar de que sostenía su paraguas, el viento lo movía de un lado a otro, y las gotas de agua se colaban por los bordes, empapando por completo su ropa. Se escuchaba El fuerte sonido de la lluvia cayendo sobre el asfalto, y cada paso que daba lo hacía sentir más incómodo, especialmente cuando los charcos salpicaban sus zapatos. Sin embargo, a pesar de las circunstancias, iba decidido a ayudar a