Monserrat se puso muy nerviosa, en el único lugar en el que se sentía segura era en el hospital. La sola idea de salir de allí la aterraba, no sabía si lo que decía Pasquel era verdad, se hacía muchas preguntas. “¿Y si no es mi padre? ¿Y si solo quiere llevarme para hacerme daño?” Su mirada estaba llena de temor, solo confiaba en el doctor que la atendía.
—Cálmate, hijita, no te alteres. Eso solo te puede hacer daño, —le decía Pasquel, visiblemente afectado y preocupado por la angustia en el