Al día siguiente
Opal despertó sobresaltada, jadeando en medio de un sudor frío. Había tenido una pesadilla que la había dejado temblando, el eco de sus propios gritos resonando en su mente. Soñó que alguien le arrebataba a Richi, lo desaparecía de sus brazos, dejándola vacía y desesperada.
Con el corazón desbocado, se levantó de un salto y corrió hacia la habitación del pequeño.
Sus manos temblaban mientras empujaba la puerta. Al verlo en su cuna, tan tranquilo, tan ajeno al caos que revoloteab