—¡¿De qué estás hablando, Mauricio?! —exclamó Ónix, mirando al hombre con estupor y una rabia contenida que empezaba a hervir.
Opal dio un paso hacia atrás. Sus piernas temblaron al ver cómo todo se desmoronaba ante ella. No podía hablar, las palabras se atascaban en su garganta mientras su respiración se aceleraba.
—Soy el padre del hijo de tu hermana —repitió Mauricio, su voz llena de una mezcla de dolor, incredulidad y algo más profundo, un deseo reprimido de saber la verdad.
El impacto fue i