Margot estaba sorprendida, tocó su vientre de forma instintiva, mirò a su madre.
—¿Qué? ¿Embarazada?
—¡¿Cómo puedes ser tan tonta, Margot?! ¡Lo arruinaste todo! —exclamó la mujer.
—¡Voy a tener a mi hijo! No podrás quitármelo, no podrás impedir que nazca.
Los ojos de odio destellaron mirando a la pobre mujer que temía de su propia madre.
—¡He dicho que no nacerá un bastardo! No me importa lo que digas, ese niño no va a nacer —dijo apuntándola.
La mujer salió de ahí.
Margot lloró, quería escapar,