Al día siguiente.
Rodolfo despertó, su cabeza estaba por estallar, pero a como pudo, se levantó, se dio una ducha, y por fin se sintió mejor.
Observó la habitación, esa donde durmió tantas veces al lado de Margot, ahora ella no estaba, se sentía como en una pesadilla.
«Valorar lo que no tienes, ¡qué estúpido soy!», pensó.
Escuchó que llamaron a la puerta, fue a abrir, encontró a uno de sus guardias, el hombre entró.
—¿Encontraste algo?
—Bueno, solo encontré una grabación de una gasolinera a unos