Diana estaba sumida en una mezcla de miedo y anticipación mientras la llevaban a la sala de partos. A pesar de haber pasado por esto antes, los recientes eventos le habían dejado una angustia profunda, y esta vez el proceso se sentía extraño y aterrador, como si fuera su primera vez.
Fuera de la sala, Rodolfo esperaba junto al médico, que acababa de revisar a Diana.
—Todo parece ir bien —informó el doctor con tono tranquilizador—. La labor de parto ha comenzado, y su presión arterial se estabili