En el hospital
El eco de sus pasos apresurados resonaba en el pasillo, y el corazón de Margot latía desbocado. Al llegar a la recepción, apenas pudo articular las palabras; la angustia nublaba su voz y su juicio. Rodolfo, sosteniéndola con fuerza, se adelantó para hablar con la enfermera.
—Por favor, necesitamos ver a nuestra hija —suplicó él, con una mezcla de urgencia y esperanza.
La enfermera les dedicó una sonrisa suave, percibiendo la ansiedad que irradiaba de ellos.
—¿Son los padres de la