Diana despertó por la madrugada, estaba en esa cama, abrazada por sus hijos, y Joaquín, a su lado, por un instante, se sintió extraña.
Miró a ese hombre, sus ojos se llenaron de lágrimas.
«Me salvaste, Joaquín, incluso sobre tu propia madre, ¿Quién eres? ¿Eres este hombre que dice que me ama màs que a su propia vida? ¿O eres el monstruo que acabó con la vida de seres inocentes? Ya no sé en qué creer, ya no sé qué hacer, solo quiero alejarme de ti, y llevarme a mis hijos para siempre. No debo fla