Joaquín abandonó al hombre, pero dejó a sus guardias ahí.
—¡No dejen que este hombre, ni su mentirosa hija, escapen! Tenemos algo pendiente —sentenció con rabia.
Salió rápidamente de ahí.
Joaquín subió a un auto, todo lo que le importaba era Diana y sus hijos, no podía perderlos.
Pronto recibió una llamada.
—Señor, su esposa va rumbo al aeropuerto, al parecer hay hombres esperándola para llevarla a un vuelo privado y sacarla del país.
—¡No dejen que escape! Ella no puede irse, ¿entienden? —excla