—¡¿Qué has dicho?! —exclamó la mujer incrédula.
—¡Sube al auto! —sentenció Joaquín, pidiendo que ella subiera al auto en el asiento del copiloto.
Diana no entendía nada, y por lo mismo, accedió y obedeció, subió al asiento y Joaquín, también, él condujo de vuelta a la mansión.
***
Al llegar a la casa, los niños estaban muy confundidos.
—¿No iremos a la playa, mami?
Diana titubeó, negó.
—Vayan a jugar con sus nuevos regalos de cumpleaños, les prometo que mamá y yo pronto los llevaremos de viaje.