24. Cuentas conmigo
Emma
Mi rostro está hirviendo y siento que el coraje se me ha metido entre las venas y corre como lave por mis venas.
No suelo perder la compostura. No en público.
Pero en este momento, mientras veo la espalda de Catalina desaparecer por la calle con ese niño en brazos, siento que mi garganta se seca, mis manos tiemblan, y el corazón me golpea las costillas con una furia que apenas puedo controlar.
¡Un niño!
Un niño con esos ojos. Con esos ojos.
El mismo tono, la misma intensidad. Esa maldita mi