15. Concurso de meadas
Gabriel
—No vuelvas a poner tus manos en ella.
Mis ojos van de inmediato a mi hermano y no paso por alto la rabia que brilla en sus ojos, parece que él no tenía ni idea de esta pequeña aventura en la heladería.
Pues me alegra.
—¿O qué?—le digo y doy un paso adelante, sin dejarme intimidar—No sabía que eras de esos novios controladores, Julian.
El gruñido que sale de él es algo que no había escuchado antes, ni siquiera cuándo discutimos de jóvenes o cuándo mi padre peleaba con él por estar siempr