Ian se acerca a la chica, ella se ve realmente nerviosa y Ian repite la orden.
—¡Vamos, todos afuera! —Ian se agacha para ayudarla a recoger los planos y ve cómo las lágrimas se le salen solas a la pobre.
—Ven, querida —le dice María Gracia, le sirve un vaso de agua y la obliga a sentarse—. Cálmate, nadie te correrá y mi hermano no le dirá nada a su cuñado.
—Claro que no… si estás escapando de él, algo muy malo debió hacerte —responde él, dejando los papeles en la mesa.
—Es que no fue él quien hizo algo malo… fui yo —dice avergonzada.
Ian mira a su hermana, ella sale del lugar para darles privacidad y él le toma una mano para reconfortarla. Naomi se nota nerviosa, afectada de verlo ahí y sabe que es cuestión de tiempo para que Sebastián se entere de su paradero.
Se bebe el agua, respira hondo y mira a Ian con el temor de encontrar su juicio, pero solo ve unos ojos comprensivos y suspira.
—Engañé a Sebastián… —le dice en un susurro y Ian da un respingo.
—¿Eh? No te creo, tú serías inca