Ian se coloca su mejor traje, la cara de un hombre dispuesto a cargarse al presidente de Korima si es necesario y va armado no solo con su palabra, sino con su hermana, quien parece más la mano derecha de un mafioso.
Cuando llegan al ayuntamiento, en donde la prensa está agolpada, esperando una conferencia de prensa que dará el alcalde en unos minutos, Ian mira a su hermana.
—Siento tanto hacerte pasar por esto —le acaricia el vientre y ella se ríe.
—No importa, esto me ayuda a pasar las náusea