Un día cualquiera, Andrea se detiene frente a una tienda de helados, porque se le antoja uno. Le quedan pocos días para dar a luz, así que está aprovechando de comer todo lo que se le antoje, porque en cuanto nazca su pequeño hijo, hay muchas cosas que dejará de comer.
Sale de la tienda con un enorme cono de helado, con tres sabores diferentes y decide sentarse en una discreta banca que está a un costado de la tienda, en un callejón bastante lindo.
El equipo de seguridad vigila por los alrededo