La mañana avanzó con rapidez. Me sumergí en mis tareas, llamadas, correos y reuniones, pero una sensación de calma me acompañaba. Sabía que Alex había entendido que necesitaba volver a la rutina, pero también que estaría pendiente de mí, y eso me daba fuerza.
Justo cuando empezaba a sentir que mi estómago protestaba por el largo rato frente al escritorio, escuché el sonido familiar de su auto estacionándose afuera. Mi corazón dio un pequeño salto. No me había llamado; simplemente había decidido