El estruendo mediático seguía creciendo como una ola imposible de contener, pero, para mi sorpresa, los detalles del juicio permanecieron bajo un silencio absoluto. Era como si, de pronto, todo estuviera blindado por un muro invisible que ni la prensa más insistente lograba atravesar.
Sabían que había una demanda. Sabían que había un divorcio, una traición y un apellido en juego. Pero hasta ahí llegaba la información. Nada sobre las pruebas. Nada sobre los testimonios. Ni una sola filtración sob