La tienda de acampar se erguía como un capullo de lona en el corazón del bosque mientras que dentro los gemidos de Vecka llenaban el espacio como un eco íntimo y prohibido.
Xylos la tenía desnuda, expuesta bajo su toque experto. Lamía sus pezones hinchados con una lentitud torturadora, la lengua girando alrededor de cada brote endurecido, succionando hasta que ella arqueaba la espalda mientras con otra mano, jugaba con su sexo mojado, los dedos deslizándose por los pliegues empapados.
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