—Estás distraída —comentó Xylos, apoyando el mentón en su mano, con una expresión de calma que siempre la desconcertaba, mientras que el suave chasquido de las piezas de ajedrez llenaba la estancia con un ritmo tranquilo, Xylos y Polaris jugaban frente a frente, separados por el tablero de madera oscura que él había enviado a tallar hace décadas atrás. Era uno de los pocos momentos en los que Xylos lograba desconectarse de la manada, de las decisiones, del reinado que aún pesaban sobre sus homb