—Sí, el señor Blackwood podrá recibirlo el miércoles a las diez —confirmó con voz cordial—. Le agradeceré que envíe la documentación antes del martes. Perfecto, hasta entonces.
El sonido constante del teclado llenaba la oficina. Vecka sostenía el teléfono entre el hombro y la mejilla, revisando simultáneamente la agenda digital que tenía abierta frente a la pantalla.
Colgó el teléfono con un suspiro y dejó caer la cabeza hacia atrás, estirando los brazos. Era el tercer día desde su regreso a