El sonido metálico del timbre del ascensor anunció su llegada al piso veinticuatro. El corazón de Vecka dio un pequeño salto, y el leve cosquilleo en su estómago se transformó en una punzada de ansiedad. Durante los demás días siguiente al regalo no había tenido ningún contacto con Xylos Blackwood, y aunque había intentado convencerse de que su regreso sería sencillo, algo dentro de ella sabía que no sería así. Aquel ding se prolongó en el silencio del pasillo cuando las puertas se abrieron.