—Hoy estás muy callada —murmuró él al fin—. Eso nunca es buena señal contigo.
Vecka dejó escapar una pequeña sonrisa, débil, casi nostálgica.
—Solo estaba pensando… —dijo—. En cómo han cambiado las cosas tan rápido.
Xylos apretó los dedos apenas, un gesto instintivo, protector.
—No tienes que pensar en nada —respondió con firmeza—. Para eso estoy yo. Para pensar, pelear y cargar con todo lo que haga falta.
—Eso es lo que me preocupa —susurró ella.
El alfa frunció el ceño, confuso.