Nisha abandonó la sala sin decir una palabra.
El aire dentro de la cabaña se había vuelto demasiado denso, cargado de futuros posibles y muertes que aún no habían ocurrido. Necesitaba respirar, y silencio, Nisha por primera vez en siglos, deseo no ver más allá del siguiente paso.
Empujó la puerta y salió al exterior.
La tarde estaba fresca, el bosque quieto, como si también él contuviera el aliento, Nisha se llevó una mano al pecho, intentando calmar el eco persistente de la visión que aún le quemaba detrás de los ojos.
—Vaya… —dijo una voz masculina—. Empiezo a creer que me sigues.
Nisha se detuvo en seco.
Kian estaba apoyado contra uno de los pilares de madera de la cabaña, los brazos cruzados sobre el pecho en un gesto tan evidente de falsa seguridad que habría sido gracioso de no ser tan humano. Sus cejas se alzaron al verla, sorprendido… y claramente incómodo.
El humor de Nisha cambió al instante.
La pesadez se evaporó como humo y fue reemplazada por una sonrisa l