La cabaña del alfa seguía impregnada del olor a pino, humedad y tierra fresca, Xylo llegó agotado después de un largo recorrido en la frontera, y sobre todo después de una casería junto a Zayden a quien le encargó un regalo para el bebé con la piel de un venado. Subía las escaleras hacia su habitación pensando en una sola cosa: Vecka.
Al ingresar al aposento, no escuchó nada, ni su respiración, y tampoco sintió su presencia allí, lo que le pareció extraño, ya que era muy temprano para Vecka estar despierta. Una punzada de preocupación le tensó la mandíbula, por lo que olfateó el aire y empezó a seguir el rastro.
Se movió deslizando los dedos por la madera impregnada del olor de ella. Bajó las escaleras rápido, siguió los pocos pasillos hasta llegar a la habitación que le había asignado a Vecka y Kian, por lo que, Xylos apretó los dientes, con algo de celo.
Caminó con pasos largos, tensos, hasta detenerse frente a la puerta de madera. La empujó sin hacer ruido, y allí estaba el