El silencio que siguió después del abrazo de Vecka a Jasper no fue un silencio tranquilo; fue uno que cortaba, uno que advertía que cualquier palabra dicha en ese momento tendría filo. Jasper, aún sonriendo con ese gesto ingenuo que conservaba desde niño, parecía ajeno a la tensión colosal alrededor, Xylos fue el primero en romper la quietud. Dio un paso hacia el muchacho y extendió una mano para orientarlo, gesto que Jasper aceptó con naturalidad pese a la incomodidad de Vecka.
—Disculpa un m