Xylos la alcanzó justo a tiempo, atrapándola antes de que su cuerpo se desplomara sobre la tierra húmeda. La tomó en brazos, sosteniéndola con cuidado, como si fuera de cristal. Durante un largo momento, se quedó quieto, escuchando su respiración suave, su corazón que aún latía con fuerza, Zayden llegó poco después, con el rostro cubierto de sudor y tierra.
—¿Está viva?
—Sí —respondió Xylos, sin apartar la vista de ella—. Solo perdió el conocimiento.
El viento sopló, moviendo los cabellos r