El viaje de regreso a la mansión transcurrió en un silencio cargado de emociones, Valentina observaba por la ventanilla cómo el paisaje nocturno de Rumania se deslizaba ante sus ojos: colinas oscuras, árboles y un cielo profundo que parecía observarlos con paciencia infinita, Kaiser conducía con una calma inusual, una mano firme sobre el volante, la otra descansando ocasionalmente sobre la pierna de ella, como si necesitara asegurarse de que seguía allí.
Cuando el vehículo se detuvo frente a