—Polaris… —murmuró. El nombre escapó de sus labios como una súplica involuntaria. Ella se detuvo, a escasos centímetros de él que negó con la cabeza y apartó el rostro, con cuidado, como si hacerlo de golpe pudiera herirla. —No… no es correcto.
Polaris sintió el rechazo como un golpe seco en el pecho, pero no retiró la mano que sostenía la suya.
—¿Por qué? —preguntó en voz baja, Jasper apretó los dedos alrededor de los de ella, aferrándose como si soltarla fuera caer al vacío.
—Porque algún