Polaris observaba desde la puerta de la cocina, su figura esbelta recortada contra la luz tenue del pasillo. El aire estaba cargado con el aroma reconfortante de pan recién horneado, mezclado con el sutil olor a hierbas frescas y el vapor de una olla que burbujeaba en la estufa.
La cocina era el corazón de la cabaña, en donde los sirvientes se movían de forma silenciosa, pero en ese momento, parecía un escenario privado para algo que la irritaba profundamente.
Su mate, Jasper estaba sentado