Valentina despertó sola en la enorme habitación de la mansión de Kaiser. El silencio era tan profundo que por un instante pensó que la casa estaba vacía, como un castillo abandonado que respiraba apenas.
La luz de la mañana se filtraba entre las cortinas pesadas, dibujando sombras largas sobre el suelo pulido. Sus ojos recorrieron el techo alto antes de que un suspiro escapara de sus labios.
El lado de la cama de Kaiser estaba intacto como si no hubiese sido ocupado durante la noche, Valenti