El olor a sangre aún flotaba en el aire, espeso, metálico, mezclado con resina rota y tierra removida por la batalla.
Kaiser y Xylos regresaban a la cabaña.
No hubo palabras entre ellos durante el trayecto. El rey vampiro caminaba con los hombros tensos, los puños cerrados, la mirada fija al frente; el rey alfa, aún en forma humana, llevaba el cuerpo rígido, como si cada paso fuera una condena. Ambos habían recibido el aviso casi al mismo tiempo: un conflicto cerca de la cabaña, una pérdid