El tiempo pareció estirarse en una agonía lenta mientras Seraphina esperaba en la sala de mapas de la mansión. Ronan le había prohibido terminantemente acompañarlos al límite norte, y por primera vez en mucho tiempo, ella no había discutido. Su cuerpo se sentía pesado, anclado por una gravedad que no era solo física.
Cuando la puerta principal se abrió, una ráfaga de aire viciado entró con los hombres.
Ronan entró primero. Su presencia llenaba la habitación, pero no era la energía vibrante de s