El vínculo no se rompió. Simplemente dejó de existir. Y fué devastador.
Fué como si alguien hubiera apagado el sol en el universo privado de Seraphina. Un segundo, sentía la furia de Ronan al otro lado de la roca y al siguiente, solo había estática. Un silencio blanco y ensordecedor que resonó en su caja torácica, dejando un hueco donde antes latía el corazón de su Alpha.
Seraphina se detuvo en seco en el sendero oscuro. El aire abandonó sus pulmones.
—Ronan... —susurró, girándose hacia la montaña que los separaba.
El impulso de regresar fué una fuerza gravitacional. Tenía que volver. Tenía que arañar la piedra con sus propias uñas. No podía respirar sin él. Dió un paso atrás.
—¡No! —Una mano pequeña y fría se cerró alrededor de la suya. Hunter tiró de ella con una desesperación que la ancló al suelo—. ¡Seri, no! —dijo el niño, con los ojos verdes fijos en los de ella—. Dijo que corriéramos. Si volvemos, nos atraparán.
—No lo siento —gimió ella, las lágrimas congelándose en sus mejill