El sueño no fue un descanso, fue una hibernación.
Seraphina durmió durante horas, su cuerpo exigiendo un apagón total para canalizar cada gota de energía hacia el milagro voraz que crecía en su vientre.
Cuando finalmente abrió los ojos, era de noche. La habitación estaba sumida en una penumbra azulada. La tormenta de nieve había cesado, dejando tras de sí un silencio absoluto y una luna llena que se filtraba por las cortinas entreabiertas.
Se sintió pesada. No solo por el cansancio, sino por u