Iris cruzó el umbral. Sus botas apenas hicieron ruido, pero en el silencio absoluto de la sala de entrenamiento, cada paso resonó como una declaración de guerra.
Evander se giró lentamente. La luz plateada de la luna se derramó sobre él, delineando la letalidad cruda de su físico.
Gotas de sudor perlaban su torso pálido, deslizándose por su abdomen. Mechones de su cabello negro caían sobre su frente, dándole un aire salvaje a esa elegancia depredadora que lo caracterizaba.
No necesitaba títul