El chasquido del primer botón liberándose resonó en la quietud de la cabaña y quedó tendido en el aire como una amenaza.
Iris contuvo el aliento. La mano de Evander no vaciló al deslizar el tejido hacia un lado, exponiendo la curva de su hombro y el inicio del vendaje manchado de rojo oscuro. La proximidad era una tortura calculada. El calor que emanaba de él chocaba contra la piel erizada de ella, creando una atmósfera tan densa que respirar se volvió un verdadero desafío.
—Puedo hacerlo yo —i