El chasquido del cerrojo manual resonó en la habitación como un disparo, sellando el mundo exterior y dejando a Seraphina atrapada en el ojo del huracán.
Estaba sentada en el centro de una inmensa cama de dosel, sus manos aferrándose a las sábanas de seda negra que se sentían frescas y resbaladizas bajo sus dedos.
La habitación estaba en penumbra, iluminada solo por el resplandor de la luna que se filtraba a través de un ventanal de piso a techo, pero incluso en la oscuridad, la presencia de R