El silencio en la habitación principal era un veneno que se filtraba en cada inhalación, espeso y letal.
El relicario seguía abierto en la palma de Ronan. Esa pequeña pieza de plata antigua y la nota escrita con sangre seca acababan de destrozar cualquier ilusión de seguridad. El rey de las sombras no intentaba quebrar la mente de la reina.
Quería a los príncipes. Quería la sangre de los herederos de la manada.
Ronan cerró el puño en torno a la joya maldita. La plata crujió bajo la presión de