La adrenalina es un escudo frágil. Cuando la furia divina que Seraphina había desatado en la biblioteca finalmente se extinguió, la realidad de su cuerpo la golpeó con la fuerza de un mazo.
Las puertas de la habitación más alta se habían sellado con un siseo macabro, no era más que una prisión sofisticada. Pero el verdadero encierro no era de piedra, estaba corriendo por sus venas.
El vampiro había perforado su piel.
Seraphina dio dos pasos tambaleantes hacia el centro de la habitación antes de