La pregunta de Isabelle quedó suspendida en el aire, vibrando con el mismo miedo que había vaciado el color de su rostro.
Seraphina miraba su propia mano, la piel hormigueando con una estática residual, incapaz de responder. No sabía qué era. Solo sabía que había sentido un calor furioso, una necesidad de protegerse que había estallado desde su núcleo.
Antes de que pudiera formular una palabra, el pasillo se llenó de una presión aplastante. No fue un sonido, sinó una onda expansiva de poder pur