El calor comenzó como una chispa en la base de su garganta y se transformó en un incendio forestal en un suspiro.
Seraphina soltó un jadeo ahogado, hundiendo sus uñas en los hombros de Ronan, y arqueando la espalda bajo el agua. La marca de apareamiento en su cuello, esa cicatriz en forma de media luna con la que el Alpha reclamó su alma, latía con un fuego sobrenatural.
No era un simple ardor de deseo. No era un simple celo, primitivo y animal. Era magia pura, dorada y antigua, exigiendo ser