La amenaza de Ronan, fría y absoluta, se clavó en el corazón de Seraphina. "O lo mataré yo mismo". No fué un grito, sino una promesa, una sentencia pronunciada con una calma aterradora que la dejó sin aliento. Vio el cuerpo inmóvil de Liam, y el mundo se redujo a un túnel de miedo.
No. No podía dejar que pasara.
Isabelle, disfrutando del drama desde la columna, soltó una risa baja y venenosa, un sonido como de cristales rotos.
—Oh, cielos —dijo, su voz goteando sarcasmo—. Parece que los juguete