El grito de Liam, humano y cargado de pánico, se estrelló contra la burbuja de oscura posesión que Ronan había tejido a su alrededor. Fué como un martillazo sobre un cristal fino.
Seraphina sintió que el cuerpo ancho y duro que la aprisionaba se tensaba, no de miedo, sino de una furia asesina. El calor de la marca en su cuello, que había sido una mezcla de dolor y un placer oscuro, se convirtió instantáneamente en un terror helado.
«No, no, no… Liam»
Ronan se apartó de ella, y el calor de su c