Marcos regresó a la habitación. Laura lo esperaba ansiosa, com los ojos semi abiertos, seguía aletargada por los medicamentos.
—Ya estoy aquí mi amor— dijo acercándose a ella.
—Me alegra que estés de regreso. —murmuró.— tengo mucho sueño.
—Descansa, mi amor. Nunca me iré de tu lado.
Laura asintió lentamente mientras sus ojos se cerraban por completo. Marcos suspiró profundo al ver que estaba bien. En ese instante sintió como si le hubieran quitados una tonelada de encima. Su esposa, la muje