Luego de la visita del médico y durante el resto de la tarde, Marcos no se separó de Laura ni un segundo. Necesitaba ver que abriera los ojos para sentir que estaba viva y quitar de su pensamiento esa horrible idea que lo llenaba de angustia.
Cuando la enfermera de turno entró para colocarle el tratamiento endovenoso, él aprovechó unos minutos para ir por un café. Había pasado esos dos días sin dormir ni comer bien; apenas disfrutando de la pasión que Marta le brindaba. Una pasión, que ahora pa