—No. —respondió cortando la llamada.— Le hablaré cuando esté en casa.
—¿Te avergüenza hablar con él delante de mí? —cuestionó Laura, sin imaginar la verdad.— De veras estás muy rara. —dijo refiriéndose a los cambios de su confidente.
—¿Avergonzada, yo? No tía, lo que pasa es que a veces, se pone algo intenso y no quiero estrenarme. Le hablaré cuando esté más desocupada —replicó Marta, aún sintiendo que el corazón se le quería salir por la garganta.
—Vale. Entonces ponte el cinturón de s