Lucía entró al apartamento donde la esperaba su amante.
—Me alegra que hayas sido tú precisamente el que me haya llamado —dijo ella, rodeándolo con sus brazos por el cuello y buscando sus labios.
Ignacio apartó su rostro del de ella y luego los brazos con una sonrisa torcida.
—No te llame para lo que imaginas. —dijo él dándole la espalda y dirigiéndose hacia el sofá.
Ella frunció el entrecejo y lo siguió.
—Entonces para que me has pedido que venga.
—Marta descubrió que la estaba estafando.