—Hablamos luego, Lucía. Debo arreglarme, Marta viene por mí en unos minutos.
—Sí, ya sé que debo irme, Laura. —dijo tomando su cartera de una forma abrupta y dirigiéndose hacia la entrada.
Laura se encogió de hombros ante la actitud arrogante de su hermana. Aunque intentara disculparse con ella, Lucía la ignoraría como muchas otras veces. Subió las escaleras con prisa a arreglarse.
Minutos más tarde, Marta pasó por ella. Mientras la rubia conducía hacia el laboratorio clínico, Laura leía en