Laura subió a su coche, condujo hasta su casa. Ya pronto sería la hora del almuerzo y Marcos estaría de regreso.
Apenas bajó de su automóvil recibió un mensaje de él para confirmarle que no iría a almorzar con ella.
“Amor, lamento no poder acompañarte. Olvidé que tenía un almuerzo previsto con unos socios franceses. Te veré en la noche para cumplir mi promesa”.
Laura sonrió sintiendo un cosquilleo en todo su cuerpo. Marcos era un hombre muy ardiente, experto en el arte de amar. ¡Todo un alfa!